“El Minero”

El pitazo inicial de uno de los encuentros del certamen minero

El pitazo inicial de uno de los encuentros del certamen minero

El Minero, como coloquialmente llamamos al “Campeonato Día del Minero”, la fiesta deportiva de El Salvador, nació en julio de 1984 como una iniciativa de la superintendencia de minas con la colaboración de Club de Deportes Cobresal.

Como su nombre lo indica, en los comienzos el campeonato era exclusivamente para equipos formados por trabajadores de la superintendencia de minas, eran los 80`s y la planta de trabajadores propios de Codelco Salvador era bastante alta, por lo que podían darse el lujo de organizar este tipo de competencia interna, pero a la vez masiva, pues siempre atrajo a gran cantidad de público a los encuentros que se realizaban en el estadio techado “San Lorenzo”…con el paso de los años y el descenso del número de trabajadores propios y por consiguiente, el aumento de trabajadores contratistas, la invitación se hizo extensiva a ellos también, como de igual forma a trabajadores de Potrerillos (que antes miraban pero no tocaban) y a la comunidad en general.

Hace un par de meses cuando escribí sobre el estadio techado, ya había hablado algo del “Minero”, tendré que replantear ese post hablando sobre la construcción del estadio y permitirme aquí citarme a mi mismo:

“Que me perdonen los basquetbolistas y sus campeonatos que duran todo el año y van 4 pelagatos, pero el Estadio Techado San Lorenzo siempre será sinónimo de “Campeonato Día del Minero”, “La fiesta deportiva de El Salvador”.

Quizás ya no tan grande y significativo como en décadas anteriores, el campeonato se niega a morir y ha pasado ya a ser una tradición salvadoreña, de esas que se quieren y se extrañan cuando se acerca la fecha y no se ve movimiento de parte de la organización.

Las jornadas del “Minero” ya son parte de la memoria colectiva de los salvadoreños, esas tardes del techado a tablero vuelto…de niños jugando en la cancha en los entretiempo que ni mil chicharras en la caseta de control podían hacer volver a sus asientos… de papas fritas y completos vendidas por nuestras propias mamás en puestos que se peleaban desde principio de año y cuyos beneficios aseguraban una buena fiesta de fin de año en la escuela.

El desfile de inauguración con todos los equipo pasando orgullosos con sus estandartes y parafernalia que terminaron convirtiéndolo en un pequeño carnaval (recuerdo desfile que incluían camiones, cocodrilos, cátodos, viejos disfrazados de Cantinflas y un largo etc).
Jornadas memorables con las clásicas finales disputadas por Maestranza Mina y Muestrera en todo competidor…que eran transmitidas por radio Alicanto para que nadie se perdiera ningún detalle de los electrizantes duelos.

Mi viejo, Justo López,  nuevamente en la caseta de la comisión organizadora junto a Weber, Molina y Areyuna…después Veas, Pulgar, Figueroa y Valdivia entre otros.

Y finalmente el show y baile final, nadie me puede negar que junto al año nuevo, era una de las fechas más esperadas. Shows de gran nivel (guardando las proporciones, eran los 80`s) con artistas famosos como Lucho Jara y Myriam Hernández, humoristas como Los Indolatinos y Dinamita Show, Verdetes como Tatiana Merino y Cristina Tocco….y los infaltables clásicos de la cumbia: Pachuco y la Cubanacán, Tommy Rey, Giolitto y su Combo, La Sonora Palacios…

Siempre  recuerdo del grado de producción de esos shows, los viejitos de la sala de planos presentaban antes una maqueta del escenario que se armaría en el estadio, que era así como el escenario del Festival de Viña, un desafío anual, la idea era sorprender al público con el uso de luces de colores y paneles móviles…era weno. Y claro, un día antes del evento ir a las pruebas de iluminación y sonido..y Murphy que nunca falta y los viejos eléctricos corriendo para todos lados cambiando ampolletas….lo bueno es que al final todo siempre salía bien.

Puedo decir aquí, sin ninguna duda, que no hay salvadoreño que se precie de tal que no recuerde con cariño el Campeonato Día del Minero, he dicho”.

Les dejo una galería sobre esos años de “Minero” grande y familiar, de cabros chicos odiosos (como uno que le decían el “carne amarga”) de viejitos que ya partieron y dejaron su recuerdo perpetuo en la cancha, de la bandita que amenizaba los encuentros (después de afinar y ensayar los primeros 3 partidos, eso si) y un largo etc…

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